Desde 1956 cuando se emitió por primera vez el Festival de Eurovisión, muchos han sido los que han desfilado por un escenario que sin embargo parece no haberse renovado demasiado. Y es que año tras año se repite el desfile de jóvenes cantantes europeos que se exponen ante un jurado caprichoso, con temas que en la mayoría de los casos suenan insípidos.
A pesar de haber sido escenario de artistas de la talla de Celine Dion, Dulce Pontes, Americo Modugno o Noa, el Festival no acaba de alcanzar el prestigio que siempre han deseado sus organizadores. Esta podría ser una de las razones por las que este año la retransmisión del Festival ha perdido cinco millones de espectadores en nuestro país. La fórmula que nos brinda no acaba de ajustarse a las exigencias de un público que sin embargo es previsible y poco exigente.
En la edición pasada, España apostó por enviar al Festival al famoso “Chiquilicuatre”, una apuesta que fue vista como provocación y que sin embargo logró despertar la curiosidad del público, resultando la segunda gala más vista de toda la historia de Eurovisión. Esta arriesgada apuesta resultó divertida para niñ@s, jóvenes y no tan jóvenes. La excentricidad del personaje, la banalidad de la letra y la sencillez de su coreografía fueron los detonantes de un éxito mediático, muy bien promocionado desde todos los medios de comunicación. Y aunque hay que reconocer que como calidad artística estaba muy lejos de los cánones preestablecidos, es cierto que supuso toda una estrategia de marketing que logró excelentes resultados.
Este año se ha pretendido volver a lo “clásico” y el resultado obtenido no ha acabado de convencer a nadie. Por un lado los niveles de popularidad de la cantante ha provocado que la retransmisión del concurso contara con mucha menos expectación, incluso la propia TVE lejos de otorgarle un papel protagonista en la programación, decidió dejar de emitir la segunda semifinal del Festival que emitió posteriormente en diferido. Al parecer con esta decisión incumplió las reglas, achacándose a esto los malos resultados de la representante española como un castigo a TVE.
Soraya ha vuelto a España con un penúltimo puesto en la clasificación final, lejos de ese puesto ganador que muchos auguraron para ella. No cuesta creer que efectivamente nuestra representante haya sufrido las represalias de un jurado descontento, pues la canción cumplía con las características de Eurovisión y el espectáculo cuanto menos fue dinámico y resultón.
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