Ya lo ha anunciado Zapatero en una reunión plenaria del día de ayer. Los espacios publicitarios de la cadena pública TVE se reducirán drásticamente. Por fin nos libraremos de la enorme cantidad de spots televisivos, que más que ser lo que las cadenas emiten entre los programas y las películas; en nuestro país se posicionaban más bien al contrario, convirtiéndose ellos en el centro de la programación. Aunque habría que preguntarse lo que entiende el Gobierno por “drástico”. Por lo pronto, lo que se sabe es que de los diez minutos publicitarios que emite la cadena pública, el año que viene tendremos uno menos. Sí, no parece un gran avance. Pero confiemos en que sólo sea el pequeño pasito que hace falta para que nuestra televisión se europeíce.

Y es que desde Europa ya recibimos más de una queja con respecto a este tema. La televisión de nuestros vecinos de la comunidad sí que tiene una ley, desde hace años, que regula la emisión de anuncios por este medio audiovisual. No parece extraño que siendo esto así, se queden estupefactos cuando llegan a nuestro país y ven más spots publicitarios que programas de la tele. También es verdad que la situación de la financiación televisiva en otros países europeos es distinta. En países como Gran Bretaña o Irlanda, la financiación publicitaria se cambia por una financiación por canon. Se paga un canon anual por aparato de televisión y la televisión digital de pago es mucho más barata que en España (a razón de unos 60€ mensuales por ver casi todos los canales, incluidas las taquillas) ¿Un buen modelo a seguir? Habría que pensarlo.
Pero España ya está tomando medidas. Podemos estar orgullosos, o por lo menos, más satisfechos. Era, y hasta que no veamos los resultados seguirá siéndolo, muy molesto estar viendo una película y tener “lapsus” en la historia porque te acuerdas mejor del edredón nuevo que ha lanzado tal marca o del yogur que te hace ir al baño con mayor facilidad de tantos anuncios que has visto. Todos hemos cambiado de cadena alguna vez, si no han sido todas, cuando veíamos el letrerito de “volvemos en cinco minutos”. Todo hay que decirlo, los cinco minutos más largos de tu vida, porque te daba tiempo a cambiar de cadena cogerle el hilo a la otra película, ver cómo terminaba, encontrarte de nuevo con los anuncios y acordarte que tú en realidad no estabas viendo esa película. Entonces, vuelves a la cadena anterior y descubres que tienes una “suerte” tremenda porque la careta de los últimos cuatro segundos de la publicidad está ahí. ¡Genial!, no te pierdes nada de la película. Algo bueno tenía que tener esto de los anuncios interminables.
Con la nueva reforma de la tele los grandes beneficiados serán, además de los que sufrimos los períodos publicitarios -períodos más que espacios por su extensión-, las cadenas privadas, que verán un aumento en sus ingresos publicitarios al reducirse la financiación de TVE. La tarta ahora cabe a más. Eso es lógico. Si antes la televisión pública por ser eso precisamente, pública, contaba -y cuenta- con financiación del Estado, puede permitirse el lujo de vender su espacio de emisión más barato a los anunciantes. Y como también es lógico, estos anunciantes que no son tontos tenían en un puesto de preferencia a la cadena pública. Ahora todo eso cambiará y las cadenas privadas tendrán más lucro con los anuncios. Mejor para ellas.
Lo que hay que preguntarse es que si todo este cambio mejorará la tele. Ahí está la verdadera cuestión de importancia. ¿La reducción de la financiación publicitaria de la cadena pública mejorará su calidad? Y con este despeje de porciones de la tarta, ¿las demás cadenas aumentarán el tiempo de sus anuncios haciendo las emisiones insufribles a los espectadores? El tiempo lo dirá. Por ahora sólo nos queda esperar y confiar en que todo irá a mejor.
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19 Abril 2009 a las 10:50
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