Vender nuestra muerte por dinero. Eso es lo que nos están enseñando los medios de comunicación hoy en día. El caso de Jade Goody demuestra lo que son capaces de hacer aquellos medios que se alzan como educadores de la sociedad por ganar audiencia. La joven, de 27 años, ha vendido su boda y su muerte al mejor postor y la cadena británica Living TV ha conseguido “el premio”.
En 2002, la joven saltó a la fama gracias al programa Big Brother de la cadena británica Channel 4, en el que ya se vislumbraba que daría que hablar al ser la primera en practicar sexo en el programa. Los vaivenes de esta chica por la televisión han sido sonados -participó en 2007 en la versión VIP del mismo programa y en su versión india, que tuvo que abandonar al conocer la noticia de su enfermedad- y lo que ha hecho ahora cuestiona la ética de una profesión que en ocasiones parece que carece de ella.
En forma de “docu-reality“, la cadena de televisión retransmitirá las pocas semanas de vida que le quedan a la joven. Todo un gran seguimiento morboso de los detalles de su deterioro. ¿En qué medida sirve esto para la educación de la audiencia? ¿Realmente ver el día a día de una enferma de cáncer cervical es de interés público? Habría que cuestionarse qué se debe hacer, y que no, en los medios de comunicación para ganar espectadores. Cuáles son los límites para contar las noticias y con qué nos deben “educar” los medios de comunicación.
Jade Goody, además de vender su muerte, ha vendido, como otra celebrity más, la exclusiva de su boda con Jack Tweedy, de 21 años. La revista OK! será quien publique las fotos tras su muerte y ha pagado por ello 800.000 euros. La joven inglesa dedicará el dinero de la exclusiva de su boda y el de su “docu-reality”, que ha cambiado de nombre al conocerse el estado terminal de Goody, ha pasado de El progreso de Jade a simplemente Jade, a asegurar la educación de sus dos hijos, de cinco y cuatro años.
Subastó su muerte a Living TV y la cadena aceptó pagando más de un millón de euros por el programa. ¿Qué pensarían los responsables de la cadena televisiva cuando Goody les hizo la oferta? Y la audiencia, ¿qué piensa de todo esto? Cada día avanzamos más en las tecnologías, eso es cierto, pero a los contenidos parece que no les dedicamos mucho tiempo. Incluso encontramos incoherencias en todo esto. La televisión se escandaliza cuando una cadena emite imágenes de otra llegando a los tribunales, como ha pasado en nuestro país con el programa Sé lo que hicisteis… de la Sexta y las imágenes de Telecinco. Pero cuando aparece la noticia de una joven que vende los últimos días de su vida para que una cadena de televisión haga un programa la situación no parece ser tan grave. El primer ministro británico Gordon Brown así lo demuestra con sus declaraciones: “Creo que cada uno tiene sus propia manera de afrontar estos problemas y su decisión de ayudar a su familia mediante el dinero que cobrará es algo que tenemos que aplaudir. Les deseo lo mejor, y creo que todo el país estará preocupado por su salud”.
Es lógico que la manera de morir y lo que se quiera hacer en ese momento sea decisión de cada uno, pero continúa la pregunta hacia los medios: ¿todo es posible por ganar un poco de audiencia?
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